La Higuera del ‘Che’.

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La Higuera del ‘Che’.

La Higuera, Bolivia. 2007
Fotos y Texto: Oriana Eliçabe

40 años después de la muerte del Che Guevara en Bolivia, La Higuera, la aldea en donde fuera capturado y asesinado, parece no haber sido atravesada por el tiempo.


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Más de cuarenta años han pasado de aquel fatídico 9 de Octubre en el que Ernesto ‘Che’ Guevara perdiera la vida bajo las balas de sus verdugos en aquella pequeña escuelita de La Higuera. La vida en este humilde poblado no es muy diferente que antaño. Aunque algunos lugareños aseguran que el “almita” del ‘Che’ está contribuyendo a cambiar su fortuna.

A La Higuera no se llega por casualidad. Dos horas y media para recorrer 60 kilómetros es lo que demora un taxi para llegar desde la ciudad de Vallegrande. Un escarpado y angosto camino de tierra a mas de 2.000 metros de altitud, entre las quebradas del sureste boliviano, las comunica. No llega el transporte público, tampoco la electricidad ni el agua potable, pero lo que sí llega es la memoria de los campesinos hasta aquel día que marcó por siempre el nombre de La Higuera en el mapa de la historia.

Los días transcurren sin prisa. La plaza del poblado, donde se encuentra un inmenso busto de Ernesto ‘Che’ Guevara, permanece en calma y solo se rompe la rutina cuando llega un taxi cargado con turistas. El guía de turno se levanta del portal de la tienda “La Higuera” y pregunta a los visitantes si desean visitar la “escuelita”, hoy remodelada y convertida en Museo Comunal, en homenaje al mítico guerrillero . Es el único atractivo local. Unos paneles con fotografías, diagramas e infinidad de fechas y lugares reconstruyen la vida del ‘Che’ acompañando la silla de madera donde se encontrara sentado en el momento de su muerte. En una mesa bolsos tejidos por las mujeres de la comunidad o pequeños frascos de vidrio con “tierra de sangre del Che” a manera de souvenirs, se mezclan con mensajes en diferentes idiomas de sus admiradores y seguidores. También se puede hacer una caminata hasta la Quebrada del Churo, donde se librara la última batalla y fuera capturado con vida junto a su compañero ‘Willy’ el 8 de Octubre de 1967. Un camino de una vegetación exuberante precede una gran piedra con la leyenda pintada a mano “Che vive”, que habrá decepcionado a mas de uno después de dos horas de escabrosa andadura. Esto conforma solo una parte de la poco conocida “Ruta del Che”, apoyada por el Ministerio de Turismo e impulsada en gran parte por la organización no gubernamental inglesa ‘Care’. La puesta en marcha, hace diez años, fue durante la conmemoración del décimo tercer aniversario de su muerte. El poblado que alberga unas treinta familias recobra la normalidad después de las visitas. Es poco usual, pero algunos visitantes suelen pasar algunos días en el albergue que se encuentra en el mismo edificio de la actual escuela, donde los niños solo pueden estudiar hasta noveno grado. Dos banderas coronan el patio, la boliviana y la cubana. A la sombra, un joven turista argentino habla con Jorge, uno de los dos médicos cubanos destinados en la zona. “Prefiero hablar con la gente que hacer la caminata a la Quebrada del Churo, tiene mas sentido.” comenta mientras espera a sus compañeros de viaje. La vivienda y el consultorio permanente de los médicos cubanos está también instalado en la escuela. La doctora Tania Aguiller, atiende a doña Simona que al parecer sufre de tensión alta. “Aquí los casos mas comunes son los de enfermedades intestinales” comenta mientras le toma la presión a su paciente. Al terminar la visita le entrega unas pastillas y le recomienda una dieta equilibrada para su padecer. A la pregunta de que cuánto se debe, la doctora responde: “nada, usted sabe que nosotros somos médicos cubanos y que llegamos aquí para darle atención médica y todo es gratis. Nos vemos dentro de siete días. Cuídese.” La presencia de los médicos cubanos en el país comenzó poco después de que los presidentes de Bolivia y Cuba, Evo Morales y Fidel Castro respectivamente, firmaran un acuerdo de cooperación en Abril de 2006 en La Habana.En la rústica cocina, donde se come al ras del suelo de tierra, Noel de 12 años, explica “antes no había médicos y teníamos que ir a Purcará. Aveces venían y aveces no.”, Mientras continúa comiendo junto con sus padres su hermana menor Eliesther agrega “son buenitos, nos hacen entrar a ver la novela y juegan con nosotros ajedrez”.Para los oriundos, la atracción gira en torno al edificio de la escuela, el único que tiene algunos sectores con electricidad generada por paneles solares instalados en el consultorio médico por los cooperantes cubanos, y en las aulas fruto de los recursos comunales generados a través del museo y el albergue. Allí, cuando todo el pueblo se queda a oscuras los médicos encienden su televisor . Si son pocos entran a la casa y sino, se abre una de las dos aulas donde se repite la señal que desde la vivienda ven los doctores. Allí niños y mayores sentados en los viejos pupitres de madera esperan ansiosos, después de las noticias de la Televisión Cubana, el comienzo de la función. Es cuando todos juntos, ríen con las películas y lloran con las novelas, eso sí, todo emitido por satélite desde Cuba. Pero no todos disfrutan de esta distracción cuando cae la noche, algunas personas, en su mayoría hombres, se acercan a la tienda para comprar “alcohol” de destilación casera y llevárselo en una botella de plástico. No es difícil toparse con un grupo de hombres en estado de ebriedad en las calles de La Higuera, el alcoholismo es un gran problema en todo Bolivia, sobre todo en las áreas rurales. Según un estudio del Centro de Investigación Científica (CELIN)-Bolivia en el años 2005, el alcohol es la droga mas utilizada entre la población boliviana, en una franja que va desde los 12 a los 50 años. Un secreto a voces. Muchos desean contar, compartir la historia que estuvo prohibida durante treinta años años. Otros quieren hablar esperando una recompensa a cambio de su supuesta memoria. La Higuera está llena de secretos y medias verdades.Muchos de sus pobladores han sido guías comunitarios, trabajo rotativo que les permite percibir un pequeño salario y adquirir un mínimo conocimiento sobre los hechos acontecidos hace cuarenta años. Historias que coinciden en fechas pero con diferentes protagonistas, historias contradictorias ‘on’ y ‘off’ the records están a la orden del día.En 1997, al cumplirse treinta años del asesinato del ‘Che’, se organizó un encuentro mundial en Vallegrande, donde la oficina de tránsito contabilizó cinco mil quinientos visitantes, cifra que superó las expectativas del alcalde vallegrandino, según comenta el senador Antonio Peredo de la bancada del Movimiento al Socialismo (MAS). El actual senador y hermano de los dos guerrilleros bolivianos que lucharon en la columna del ‘Che’, Coco e Inti Peredo, explica que ese año “por primera vez la gente comenzó a abrirse sobre algo que había mantenido muy en reserva. Amedrentados, porque la forma en que se recordaba el 8 de Octubre en Vallegrande era una forma de atemorizamiento. Aviones de las Fuerzas Armadas Bolivianas realizaban vuelos rasantes sobre la ciudad de Vallegrande, recordando que no había que recordar al ‘Che’. Había que ocultar al ‘Che’”. Pero curiosamente ese silencio forzado no hizo mas que reforzar el mito y hasta elevar al conocido guerrillero a la categoría de santo por la población de la zona. “Recuerdo una señora anciana que me llevó a su casa para mostrarme una mesa donde tenía sus santos , donde hacía sus oraciones diarias. Estaba la Virgen, estaba Cristo y estaba una fotografía del ‘Che. El ‘Che’ estaba junto a ellos.’” explica Peredo quien es hoy también parte del “comité impulsor del acto de recordación del ‘Che’”. “Hoy día la recordación del ‘Che’ tiene en Vallegrande la posibilidad de visitar tanto el lugar donde encontraron los restos, que ha sido acondicionado, como también el Hospital de Malta donde una pequeña lavandería mostró esa imagen que ha dado la vuelta al mundo, la de ese rostro iluminado, que es lo que nos está diciendo que el ‘Che’ en ese momento no murió, sino que nació a la eternidad”.Los Milagros del ‘Che’. A la luz de la vela Manuel Cortez enseña fotografías y libros que le suelen regalaran algunos visitantes al pasar por La Higuera. Entre la colección está “El Diario del Che en Bolivia”, algunas fotografías de él mismo montando a caballo en el Río Grande, otra con sus “vaquitas” en la puerta de su casa, regalo de una pareja de turistas japoneses. También hay una postal del bello Cuzco peruano. “cerca de España dicen que es Cuzco, ¿no?” espeta Don Manuel mientras sigue revolviendo decenas de fotografías y recuerdos.Este hombre, amable y conversador, de 62 años recuerda que cuando llegaron “los cubanos” tenía 21 años, y como muchos hombres del pueblo observó escondido en su casa a los guerrilleros. Al día siguiente la versión había cambiado, el ‘Che’ lo había reconocido y habían intercambiado algunas palabras. Pero de algo Don Manuel está muy seguro “en vivo también lo he visto. Estaban celebrando un 8 de octubre, y yo me fui detrás de la piedra grande, un poco mas atrasito”, en referencia al busto del ‘Che’. “Lo vi de la mitad de su cuerpo de él. Conversaba yo y hacía lo que yo le decía. Pero lo único era que no podía hablarme. Yo le dije que hiciera crecer su bigote y lo hizo crecer hasta casi sus oídos. Cuando lo pregunté si estaba conforme con la celebración de su aniversario, como decirme sí lo abrió sus ojos grande y poco a poco se fue durmiendo”. ¿Mucha chicha? No, Manuel Cortez asegura no haber tomado una gota de alcohol esa tarde. “Él sufrió mucho por el campo y por eso nosotros decimos que Dios ya le da lugar, tiene un poder. Yo creo que porque mucho ha sufrido. Sufrió como Jesucristo cuando lo clavan.” sentencia Manuel. Su castellano áspero es como el de todos sus vecinos, un idioma heredado y con pocas posibilidades de estudio en un pueblo pobre y remoto.El ‘Che’ trasciende después de su muerte, atravesando las fronteras de la política y adentrándose en la mística popular debido a las trágicas condiciones de su muerte. “Es milagrosa esa ‘almita’. El se ha muerto y no ha muerto con sus ojitos cerrados, el ha muerto con sus ojitos abiertos, mirando siempre.” explica Adelina cumpliendo su labor de guía comunitaria. “El me ha cumplido y me ha ido bien”. Cuenta que una vez, antes de viajar a Vallegrande, le pidió protección. “Almita del ‘Che’ que usted siempre ha sabido andar por aquí y por allí, cuídeme a mi. Almita que me vaya bien por donde yo vaya, que haya lo que voy a buscar.” Según afirma con orgullo, todo salió como ella deseaba.La tienda “Estrella Roja” es de adobe como todas las viviendas del pueblo. Allí se pueden encontrar algunas latas de sardinas o de atún, algunos refrescos y agua mineral que solo beben los turistas. Lo primero que salta a la vista en la decoración es, entre afiches publicitarios de esbeltas mujeres rubias bebiendo cerveza “Paceña”, un póster del ‘Che’ sonriente con un puro entre los dientes. A un lado, mas pequeña, está enmarcada la fotografía del cuerpo sin vida en la lavandería. Esta imagen está en casi cada una de las casas en La Higuera, incluso en el albergue, algo que no ayuda mucho a conciliar el sueño en esas frías y vacías habitaciones que aún no tienen electricidad -dar vuelta estos cuadros o apagar la vela es de gran utilidad-.Irma Rosado, propietaria de la tienda, lleva un sombrero de fieltro, tradición de la zona que ayuda a protegerse de las bajas temperaturas y al mismo tiempo del sol tajante que apremia al mediodía. Debajo surge una larga trenza que recoge su cabello negro y que apenas unas pocas canas acarician sus cienes después de 62 años de vida. Su tez es morena, dorada por el sol. “Cuando fue la guerrilla tenía 21 años. Yo lo vi toda la historia cuando el ‘Che’ llegó a la Higuera. Estábamos todos escondidos. Teníamos miedo. Nosotros no sabíamos ver a esa gente en ese tiempo. Gente barbuda, gente melenuda. Así que todos éramos ocultados.” recuerda. “Ahora nosotros estamos mas tranquilos, porque en ese tiempo no se podía hablar, todo era delicado. Hasta después de cuatro o cinco años nadie podía dar una información, ¡ni cuando le ofrezca dólares! Venían gente de todas partes del mundo, ofrecían 50 dólares, ¡hasta 100 dólares! Nadie podía hablar porque nos tomaban presos.” También ella cree en la “almita poderosa” del ‘Che’. “Tengo muchísima fe en él porque mi marido ha estado el enfermo diez años. Porque hartas veces que se ponía mal mi esposo llegaba una persona y había una movilidad para que me lleve al médico, y a veces nos llevaban gratuito. He tenido varias oportunidades, por el turismo me han ayudado a mi marido. Por eso, cuando me veo apretada, primero le pido a Diosito y después a él.”Existen un sin fin de historias sin contar. Pero para matar el tiempo del largo y sinuoso camino, Fredy, uno de los taxistas que suele hacer la ruta de Vallegrande a La Higuera comenta mientras conduce. “Yo voté a mi amigo Evo. Evo tiene la mentalidad de lo que quería hacer el ‘Che’ Guevara. Yo creo que el ‘Che’ ha puesto algo”. A continuación, encarnando al ‘Che’ Fredy dice “lo que no pude hacer yo, que lo haga Evo”. El dice no haber pedido nunca algún deseo al “almita” del Che y prosigue con su conversación “dicen que lo han hecho un santo. Piden un deseo y se lo concede. ¡Vamos a pedir un deseo!, que lleguemos bien a La Higuera” . A las dos horas y media el taxi llegaba a La Higuera y Adelina repetía como todos los días: “Bienvenidos a la Higuera del Che”.

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