Los caminos de la vida

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Los caminos de la vida

Este es el último post que escribiré en Memoria Llena, o como dicen en México, el penu (el penúltimo, porque el último será desde la tumba, y espero que no sea el caso).
Tomar decisiones no es fácil, pero hay que tomarlas y sólo el tiempo, el sabio de la paciencia, determinará si ha sido acertada o no.

Así que aprovecharé a contar una anécdota sobre decisiones, el tiempo, y la paciencia.

Cuando vivía en Chiapas tomar decisiones no era nada fácil. Era más difícil que en otros momentos de mi vida, ya que estaba viviendo en una zona de conflicto, donde cualquier acto podía tener más consecuencias que en otros lugares. Como dicen en las pelís yankees: “todo lo que diga (o haga) puede ser usado en su contra”.

Persona no grata, dar parte inmediato.

Garita militar. Selva Lacandona."Persona no grata, dar parte inmediato."


En Junio de 1998, exactamente el 13, tuve que tomar una de las decisiones más difíciles desde que había llegado. El cuerpo de la Seguridad Pública (policía militarizada) y el Ejército Mexicano, habían empezado con los desalojos violentos de los Municipios Autónomos Zapatistas, y en Unión Progreso, Altos de Chiapas, jugaron la peor de las guerras sucias capturando a 7 indígenas zapatistas con vida el día 10 de Junio, y devolviendo a la comunidad los cuerpos sin vida con un tiro de gracia (disparo en la nuca) tres días más tarde a través de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

La muerte siempre es dolorosa, pero el ultraje y la humillación es tremenda, y ésta era el arma de la guerra de “baja intensidad” y psicológica que libraba el gobierno mexicano contra las comunidades en resistencia. La entrega de siete cuerpos desnudos y en estado de descomposición hicieron que sus familiares y amigos no pudieran reconocer a los suyos. El hedor y la indignación nublaban la vista, pero tomé todas las fotos necesarias para la cobertura para la AFP, agencia con la cual trabajaba.

Refugidados de Unión Progreso ante el ataque militar. 1998.

Al volver con mi compañero en el coche, mudos y con lágrimas que recorrían las mejillas, sin más ruido que el del motor durante 45 minutos, llegamos a casa a revelar.

La edición | La decisión
No era mi primer encuentro con la muerte, pero aunque igual de injusta, no era como en otras ocasiones. ¿Debía transmitir la foto de los cuerpos en estado de descomposición. Cuerpos a los cuáles les habían arrebatado la condición humana, la dignidad? ¿Eso era denuncia o hacerle el juego a la guerra psicológica que ejercía el poder?
Pasé más de media hora inclinada, con el ojo húmedo sobre la lupa y el celuloide que corría entre mis manos como queriéndose escapar sobre la mesa de luz. Tenía que editar, y no se trataba de cuál foto era mejor, tenía que tomar una decisión con responsabilidad, y cada vez que pensaba en ello veía a esa comunidad de indígenas que luchaban por tener más derechos y una vida digna.
Finalmente no envié la foto de los cuerpos putrefactos, envié esta, la que madres, amigos y familiares cubren sus rostros para sortear el hedor e intentar reconocer a sus hijos, padres, hermanos, maridos.

Entrega de cuerpos en Unión Progreso, después de la masacre militar. 1998.

El tiempo corre despacio
Después de transmitir las fotos, me sentí un poco más tranquila, aunque sabía que al día siguiente recibiría una reprimenda de mis superiores por no haber transmitido la de los cadáveres, y así fue.
En mi interior creía haber hecho lo correcto. Pero siempre me había quedado la duda de haber acertado.

En 2003 fui a las movilizaciones contra la OMC en Cancún. En la calle conocí a un camarógrafo indígena, venía de las comunidades zapatistas a documentar. Después editaría y se proyectaría en las comunidades zapatistas con el objetivo de que no sólo se viera la versión de los grandes medios de comunicación de lo que allí había acontecido.
Se llamaba Jorge, y después de conversar un rato me explicó que él había sido formado como videasta en su comunidad, Unión Progreso.
En ese momento me transporté cinco años en la historia. Le pregunté si había estado en la matanza de Unión Progreso y Chavajeval. Me respondió que fue su primer cobertura.

El Pulitzer
Aproveché el privilegio de tener a Jorge frente a mi, un videasta, comunicador, testigo y parte de la comunidad afectada. Le conté lo que me había sucedido y le pedí su opinión.
Aquella respuesta fue como si me hubieran anunciado que había ganado el Pulitzer, o la lotería. Ante su “humilde” opinión, había hecho lo correcto.

Y con paciencia, y dando tiempo al tiempo, fue así es como gané el Pulitzer, aunque nadie lo sepa.

2 Responses to “Los caminos de la vida”

  1. elena says:

    Hola,
    Creo que llegué aqui por un RT en Tuiter. Pasé toda la tarde con las ventanas abiertas, hasta ahora que empecé a leer cada una de las “sugerencias”.
    Tu historia me ha impactado y me ha hecho muy feliz que exista gente como tú que le de valor a la vida, a la muerte y al dolor ajeno. Eso en el periodismo no es sencillo de encontrar.
    Gracias y felicidades.
    @chaira_fashion

  2. toni says:

    ori,,
    hemos aprendido mucho con vos, vieja,,,
    gracias por cargarnos la memoria, va a ser un palo formatearla, que le vamos a hacer.
    espero que nos continuemos cruzando en el camino.
    un abrazo


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